25 junio, 2015

Y muy buenas noches... a usted.

Cuando uno vive en el exterior, se tiene la oportunidad de revisitar antiguos gustos y hábitos. Y no es que cuando se está en la Patria no se pueda hacer, simplemente que las condiciones, a veces, no lo permiten o se dan circunstancias que hacen que esa visita al pasado adquiera otro significado.

Algo así me ha pasado con el escuchar radio.

Desde que era muy pequeño, siempre he tenido especial afecto por los medios electrónicos. Mi madre siempre decía que me la pasaba pegado a la televisión. Delia opina exactamente lo mismo... Es algo muy arraigado. Y de ese gusto, encontré gusto por los comerciales. Mi madre me contaba que, de pequeño, si yo estaba jugando en mi cuarto, mientras ella y papá veían la tele, y empezaban los comerciales, yo llegaba corriendo a verlos. Y aplicaba lo que mi esposa tiene a bien llamar "acumulación de información inútil", es decir, memorizar, en muchos casos hasta el día de hoy, comerciales enteros, tonadas, "slogans", personajes, y puedo repetirlos casi al detalle. Incluso corregir a quienes dicen que se los saben... 

Y estaba la radio...

Siempre estuvo presente en casa de mis padres. Recuerdo que mi papá tenía una radio de bulbos en su buró y que la solía escuchar casi a diario. Escuchaba la XEW, "La Voz de la América Latina, desde México" y su característico tono de xilófono que era distintivo de esa emisora. También escuchábamos una consola que tenía radio y tocadiscos. Nos acompañaba en las mañanas mientras desayunábamos antes de ir a la escuela, o papá a trabajar. Programas como el de Cri-Crí, o a Francisco Javier Camargo con sus "Hazañas del Deporte", en que se recordaban momentos históricos en futbol, beisbol, y otras disciplinas deportivas. Tampoco faltaba el "Reloj Musical", que tuvo varios patrocinadores en el tiempo que yo lo escuché, y cuyo locutor, don Edmundo García, era una institución en la emisora.

En la tarde, de regreso de la escuela, era nuevamente poner la radio y escuchar algunas radionovelas de Caridad Bravo Adams, o las que dirigía Raul del Campo Jr. La narración que hacía don Juan Carlos Morgado de las tragedias de esos personajes era digna de recordarse, por su tono grandilocuente y acompasado, con un poco de la oratoria de antes. Luego llegó Jorge Castillo a narrar, con un estilo más dinámico, mas joven (digo, eran los 60's del Siglo XX, por favor). E historias como el "Capitán Misterio" o "Felipe Reyes" tomaban un paso más ágil.

Voces institucionales como don Edmundo García, del que les comentaba arriba, o José Sánchez, o Héctor Martinez Serrano, o Enrique Bermúdez (no el actual narrador de deportes), o Ramiro Gamboa, mejor conocido como el "Tío Gamboín" en la TV, y que le tocaba el turno de la noche. Pepe Ruiz Vélez tenía programas de concurso como "El Cochinito" o "El Risómetro", en el que el público mandaba por correo sus chistes, y eran contados por los humoristas de la época, como Nikky Santini, Manuel Siordia "Mr. Kelly", Carlota Solares, entre otros, el público en el estudio fungía como juez y el ganador se llevaba una cantidad de dinero más bien simbólica, tal vez $100.00 pesos o algo así, en  Bonos del Ahorro Nacional.

Y había programas formidables como "Apague la luz... y escuche...", que eran historias de miedo que narraba y actuaba Arturo de Córdoba, o "En el umbral del misterio", que eran relatos cortos que leía don Carlos López Moctezuma, ilustre actor de cine y teatro, y radio, por supuesto. 

Y estaban los noticieros.

Yo los escuchaba a veces cuando mi papá ponía su radio en la noche, que era cuando los pasaban. Y mi vida cambió por completo cuando mi mamá me regaló un radio pequeño, ya de transistores, que tenía forma de una consola, y que era en realidad un joyero. Fue tener mi propio espacio en la radio, mi oportunidad de quedarme, incluso hasta altas horas de la noche, escuchando los programas que no podía oir porque mis papás me mandaban a dormir, o papá decidía descansar después de un día pesado de trabajar.

Así fue como conocí los programas de miedo, algunas radionovelas... y los noticieros y los programas de comentarios editoriales. Y nombres como Manuel Mejido, columnista de "Excélsior" o don Guillermo Vela, fueron parte de mi imaginario radiofónico. Estaba el "Noticiero Carta Blanca", patrocinado por la cerveza de esa marca, o el de don Guillermo Vela, por el periódico "Excelsior", que siempre se despedía asi: "y muy buenas noches... a usted". Era su firma que lo hacía reconocible al momento de terminar su emisión. Manuel Mejido decía "Muchas Gracias, buenas noches, y hasta mañana". Pero la que más me agradaba era la de don Guillermo Vela, su tono de persona ya mayor, su voz pausada y de dicción muy clara eran muy característicos de la radio de principios de los 1960's y que me tocaba disfrutar en esas noches, antes de que mamá me llegara a regañar por estarme desvelando.

Cuando llegó la Frecuencia Modulada, o FM, a casa, entró la música con Radio Joya, o Radio Universal, las emisoras de esa banda que se oían en la casa. Mi hermano agregó Radio Hits, aunque venía con la tradición de Radio 590 "La Pantera" en AM, en donde estaba la W que yo escuchaba. Y al mismo tiempo, estaban las grabadoras de cassette integradas al radio y que tenían la virtud de poder grabar lo que estaba uno oyendo en la radio, y así poder conservar las canciones preferidas o los programas que a uno le interesaban. Y fueron decenas de cassettes grabados con música de nuestras estaciones, yo de Radio Joya, con música instrumental, Gloria Lasso cantando "Buen Viaje", música de grandes bandas, "El Amor es Triste" con Paul Mauriat, y muchas otras melodías y canciones más. También estaba EstereoMil, "El Sonido de los Clásicos", también en FM, con un repertorio variado de música de los grandes compositores, y que también llenó muchas cintas.

Ya de más grande, la radio pasó a un segundo plano, y la TV ocupó más ese espacio. Cuando empecé a manejar, a veces encendía el receptor en el carro y escuchaba un poco de la W, ya que no tenía FM. Luego vino la carrera, que todavía nos permitió gozar de este medio. Pero fue ver, o mejor dicho, oír cómo cambiaba el medio. Las voces ya no eran las mismas, los programas tampoco. Muchos de los locutores de mi infancia y juventud fueron retirándose o fallecían, dejando su lugar a nuevas voces, y la programación también cambiaba, de acuerdo al gusto del radioescucha.

Había una emisora singular: Radio Mundo. Tenía la peculiaridad de transmitir música de diversos países, y tenía por la tarde-noche programas de tipos específicos de música, y eran: la Hora Francesa, la Hora Italiana y Ritmos del Brasil. Con esas emisiones conocí a cantantes y artistas como Simone, brasileña de voz melodiosa con canciones como "Amé Demáis" que fue un desahogo en penas de amores: o Enrico Farías o Charles Aznavour, que sus voces daban al idioma francés una melodía deliciosa; por solo citar algunos ejemplos. Radio Mundo desapreció poco después de que salí de México en 1994.

Y empezando a explorar otras partes del cuadrante estaba Radio Fiesta, de música tropical, o Jazz FM, que ilustraba a los neófitos en esta corriente musical. Había otra estacion de música clásica, que pomposamente se autodenominaba "Buena Música, desde la ciudad de México". Y estaba XEQK, la Hora Exacta, que patrocinaba Haste, "la Hora de México", y que se dedicaba a dar publicidad las 24 horas del día, los 365 días del año (366 en año bisiesto), y daban la hora al minuto. Y eran siempre los mismos dos locutores que se intercalaban los anuncios, a toda hora, en cualquier fecha. Y siempre era el mismo el que daba la hora, sin importar como se había dado el turno de las voces. Yo siempre me preguntaba cómo le hacían para aguantar tanto...

Radio Universal fue la primera emisora que conocí de lo que ahora dan en llamar "Oldies", música de los 50's y 60's, y que en esa época era la última del cuadrante de FM. Aparte del repertorio, que era sensacional, a la medianoche,y como cierre del día, la voz institucional de Adolfo Fernández Zepeda recitaba un poema bellísimo de Víctor Manuel Otero , que espero poder recordar completo:

La noche quedó atrás.
Un nuevo día se asoma
En tu horizonte de ventura.
En lo que fué llanto, hay alegría.
En lo que fue rencor, hoy hay ternura.

Eres otro.
Bajo el conjuro de la palabra AMOR
Te has superado.
Todo es más noble en tí,
Todo es más puro,
Porque todo de amor se te ha llenado.

Amar, y sólo amar,
Esa es la clave que mueve al Universo, 
A la Vida.
Lo duro de la senda es más suave
Si tu puedes decir: "ama y olvida".

Amar a D-os, a tí, al mundo entero
A los que tu conoces,
Al extraño, al rico, 
Al pordiosero, al poderoso
Al que te de la paz... o te haga daño.

Ya eres otro,
Porque has podido arrancar la cadena que te ataba
A tu eterno imposible,
Y has podido trasponer al dolor que te agobiaba.
Llena tu mente de las cosas buenas,
De las cosas positivas que construyen,
Y deja en el ayer todas tus penas
Y las negociaciones que todo lo destruyen.

Tu hogar será de dicha
Y en los tuyos hallarás el porqué de tu camino.
Todo será más hermoso
Y tus hijos tendrán otro destino.
Y tú, que eres soltero, buscarás,
No al que halague tus sentidos,
sino al alma que te comprenda más,
porque el alma hace la hombre, y no el vestido.

La noche quedó atrás.
Un nuevo día se anuncia en el dintel de tu ventana.
Ya no dejes que escape tu alegría
Ni que vuelva el ocaso a tu mañana.
Ya no vivas de ayeres, de lamentos,
Ya no suenes tu nota discordante.

Piensa siempre, en todos tus momentos,
Que la vida comineza a cada instante.

El poema se sigue transmitiendo en la misma estación, ya ubicada en otro punto del cuadrante y con algunos ligeros cambios, pero esta fue la versión que aprendí de memoria. Radio Mundo tenía otro poema, declamado por Arturo Benavídes y Radio Hits también. Los recuerdo casi completos, pero los dejaremos para otra oportunidad.

Cuando llegué a Estados Unidos, encontré dos opciones de radio: estaciones de "oldies" como KEARTH 101 en California y Big 98.5 en Albuquerque. Y en Texas descubrí NPR radio pública, con programas de análisis muy interesantes, otros de contenido general como "Morning Editon" con Steve Inskip en Washington y Reneé Montaigne en California, en que comentaban temas de actualidad y tópicos de interés, con amenas entrevistas y atinados puntos de vista. Incluso había un programa, generado en Minnesota, que recuperaba el espíritu de los antiguos programas de radio, con un experto en hacer toda clase de ruidos y efectos sonoros, actores leyendo sus parlamentos en historias divertidas, junto con números musicales, y que cerraba con el recuento de lo sucedido en un pueblo imaginario llamado Lake Wobbegon, que era a la vez cómico y también muy humano. Esas emisiones hicieron muy amenos mis trayectos de casa a la oficina y de regreso, y a ratos en el escritorio, ya que tenía un pequeño radio para las tardes, después de la atención al público y que todo era ya un poco más lento.

A mi regreso a México, el cuadrante del radio ya era otro. La programación muy distinta, con predicadores en AM y noticieros de crítica en FM. Y fue escuchar por mucho tiempo a Carmen Aristegui que, si bien es un referente de opinión, su tono agresivo y demoledor a veces resultaba pesado. O programas en que la broma pesada y la palabra altisonante son lo divertido, como el programa del Panda, o PandaShow, en que se hacen bormas pesadas entre amigos o familiares, y a veces la broma no resultaba tan graciosa como se esperaba y dejaba paso a reacciones de ira o de llanto al salir todo mal.

La radio había perdido ese encanto de mi infancia y mi juventud. Y entre eso y otras causas, la radio quedó apagada en el coche por mucho tiempo, prácticamente hasta mi salida a Canadá.

Aquí entrontré CBC, la estación pública de Canadá que, como en el modelo británico, tiene estaciones de temas específicos, pero son CBC, y puede ser el canal de noticias, de música, o de temas de actualidad. Yo encontré por casuladiad CBC Radio 2, la emisora de música, que tiene 24 horas de transmisión de todos tipos, en programas específicos de clásica, pop canadiense, ópera, jazz y blues, entre otros. Un remanso en los recorridos de carretera entre la oficina y la casa. Y en el escritorio, gracias a Internet, es poder volver a NPR de Texas o la misma CBC Radio 2, según el estado de ánimo.

Ha sido un reencunetro delicioso con un medio que ha sido parte de muchas etapas de mi vida, que acompañaba mis noches de lectura en la infancia, o los ratos en mi recámara de juventud después de la preparatoria o la universidad. Lo que las ondas llevaban consigo y que depositaban en el aparato en el buró de mi papá o en el receptor de mi cuarto siempre fue un mundo de imaginación, historias ingeniosas con voces que le daban cuerpo y color a esas palabras, el saber de mi país y del mundo, melodías de muchos rincones de la Tierra y que hicieron amenos mis días, o servían de catársis y consuelo en las tristezas. 

Si bien ahora la TV es de alta definición y uno puede oír música por Internet, la radio sigue siendo un medio que llega a casi todas partes, y nos da un espacio en el que la mente es la herramienta que da al sonido un sentido, una sensación de realidad, y a la vez nos dibuja mundos a la altura de nuestros sueños.

Un regreso feliz que se da desde el exterior.

17 mayo, 2015

Un nuevo amanecer



Cuando uno vive en el exterior y se llega a un nuevo lugar, se tiene toda suerte de emociones, desde incertidumbre hasta curiosidad... Especialmente si nunca se ha estado antes en ese sitio o siquiera cerca de él.

Así me pasa con Leamington.

Cuando me ofrecieron venir para acá, por supuesto que acepté: era una titularidad, era un consulado pequeño y fácil de manejar, tengo experiencia en toda clase de consulados: grandes, medianos, chicos, abarrotados, solitarios, lentos, intensos... de tocho morocho. ¡Ah! Pero siempre de alterno, adscrito, o como le quieran llamar al Número Dos del changarro.

A veces de encargado, cuando el jefe no está en casa.

Pero de jefe... todavía no...

Y bueno, uno no nace sabiendo las cosas de ser jefe, se adquieren con la experiencia y con el quehacer diario. Y esa fue la consigna al subir al avión rumbo a Canadá. Y, por supuesto, toda clase de planes, proyectos, ideas... cambiar al mundo.

Al llegar, fue el ser recibido por mi segundo de a bordo... ¡qué raro se siente decir eso de otra persona y que no se estén refiriendo a uno! Pero en fin. Sigamos con el relato. Del aeropuerto fuimos a cenar y a registrarme al hotel. Esa noche fue empezar a asimilar que ya era el titular de una oficina, y que las decisiones que se tomaran serían finalmente mías y que no rendiría cuentas mas que a la Patria. Había buscado ese momento por más de 5 años y una espera de dos de ellos. Al fin era realidad. Yo era Alberto Bernal Acero, Cónsul de México en Leamington, Ontario, Canadá.

El lunes siguiente fue entrar a la oficina y ser saludado y presentado como el nuevo cónsul titular. Si bien no es una plantilla grande (son 3 funcionarios y 5 empleados locales), esa gente esperaba mis instrucciones y me reportaba lo referente al trabajo que realizaban. Al llegar a mi oficina de titular, fue ver esta vista desde la ventana:


Y empezar a firmar documentos, avisos, mi primer reporte de un evento de interés en la zona... demostrar que el consulado tiene un nuevo jefe y que no ha parado su actividad.

Sin embargo, esta oficina es diferente a cualquiera de las que me ha tocado servir. Para eso déjenme decirles un poco el tipo de lugar que es Leamington y por qué hay un consulado en este pequeño poblado agrícola.


Leamington es una municipalidad en el condado de Essex, Provincia de Ontario, Canadá. Cuenta con 35,000 habitantes y su actividad primordial es la agricultura, pero con una salvedad: se desarrolla principalmente en invernaderos. No olvidemos que Canadá cuenta con un invierno muy crudo y no favorece muchos cultivos, especialmente de frutas, y acá se da mucho tomate rojo (jitomate), al grado de que por mucho tiempo se autonombró la capital del tomate en Canadá; pero también se da pepino, durazno, espárragos, tabaco, vid, entre otros cultivos. También hay una que otra granja apícola (de abejas), pero esas no son de invernadero, son de a deveras...

Y en este entorno de invernaderos, alrededor de 2,000 trabajadores agrícolas mexicanos vienen, cada año, a Leamington y sus alrededores, a hacer su labor, como parte de un programa creado entre México y Canadá para trabajadores temporales, únicamente en este sector. Tienen papeles para trabajar, tienen sueldo establecido por la ley, prestaciones, seguros, y un empleo estable por un cierto tiempo y regresan a México. Y son gente que ha resultado muy cotizada por sus empleadores, al grado de que piden que regresen al año siguiente, y hay quien tiene más de 30 (sí, treinta) años participando en el programa con el mismo granjero, y ambos felices con su trabajo, empleador y empleado. Cuando me contaban este tipo de cosas, lo sentía muy fuera de este mundo, al menos de mi mundo. Pero cuando va uno a un invernadero y ve algo como esto:


Sentir la humedad y el calor inducidos por máquinas para tener la temperatura y condiciones que el cultivo necesita, en ese caso el pepino, y ver a los trabajadores contentos y haciendo lo que han hecho por muchos años (ahí fue que conocí a un señor muy amable, don Fernando, que lleva casi 35 años en el programa [desde 1980], viniendo 8 meses al año, que son los que establece el programa, pero que este sólo viene 6 porque ya quiere estar más tiempo con su familia). El ambiente es pesado al cabo de un rato, y estos hombres y mujeres lo toleran de buen grado y hacen una labor que les es tan reconocida, que los piden los granjeros que los contratan, una y otra vez, hasta que ya se retiran.

Por supuesto, siempre llegan nuevos trabajadores, ya que la voz se corre por las comunidades agrícolas de México, así como se incorporan los hijos de los que ya son veteranos en el programa, y se ven grupos de padres e hijos o de hermanos trabajando en el mismo lugar, ya que el empleador reconoce la calidad que se transmite de generación en generación. Sin embargo, también hay quienes no dan el ancho, y los cultivos les resultan más laboriosos de lo que se imaginan, o no es el que han hecho antes (a veces el programa se equivoca y manda a la gente a granjas equivocadas y el trabajador, o aprende otro oficio, o pide que lo cambien a una granja en la que sí pueda trabajar, o de plano se da por vencido y se regresa a su casa...)

¡¡¡Y todo esto lo he aprendido en solo una semana!!!

Es claro que esta experiencia me va a enseñar algo completamente nuevo de mi oficio. Nada que ver con Estados Unidos. Y me tocará unirme a la causa de las demás oficinas que tenemos en Canadá, para hacer entender a quienes toman las decisiones en la Patria, que esto no tiene ningún punto de referencia con nuestro mayor cliente en materia consular y de protección. La temática es muy propia, los problemas no se comparan, las necesidades son diferentes. Es cierto que un pasaporte el igual si lo expido yo o se expide en Los Angeles, pero el motivo por el que se solicita no necesariamente es el mismo. Acá hablar de indocumentados es muy poco frecuente y nada común. En Estados Unidos es el pan nuestro de cada día. Acá trabajan los campos gente con papeles para hacerlo, allá lo hacen de manera casi clandestina, aunque no por eso dejan de tener derechos laborales que la ley les concede, sin importar si tienen papeles o no. Acá vienen casi 50,000 trabajadores con prestaciones y beneficios, allá son millones con escasos derechos y frecuentes persecuciones. ¿Le sigo? ¿o se empiezan a dar una idea?...

Pero esos 50,000 trabajadores que vienen a Canadá todavía necesitan de nuestra presencia. Aun en este ambiente cordial, no falta un empleador o un capataz que piensa que, por ser de un país distinto, estos empleados son poca cosa y los maltratan, o no les dan condiciones adecuadas para trabajar o vivir en las granjas, Nuestra misión es ver que eso no suceda, y si pasa, que las autoridades canadienses que ven el programa tomen cartas en el asunto. Los nuestros, aunque cuenten con todo lo necesario, pueden sufrir un accidente, y nos toca ver que los protocolos y procedimientos de emergencia se hayan llevado a cabo correctamente, que los seguros cubran lo que les corresponde o compensen al trabajador si queda deshabilitado temporalmente o si hay que regresarlo a México por ya no poder trabajar. Si alguno, por desgracia, fallece (que sí se ha dado en esta oficina, según me cuentan), es ver que la familia lo sepa, que vengan si así lo desean, y que se haga el procedimiento para regresar los restos a la Patria para que reciban cristiana sepultura y que sus familiares y amigos le den el último adiós. Créanme que esto no lo escribo con sarcasmo, sino con un profundo respeto por quienes sufren una pérdida así.

Y al final del día, sea tranquilo, o sea de actividad, este paseo por la marina de Leamington resulta placentero:


Un lugar para reflexionar en lo que se ha dejado atrás y lo que se tiene hacia adelante. Recordar a los que pronto se nos reunirán para seguir la travesía juntos. Tener presentes a los amigos que siguen con nosotros en este recorrido, sin importar la distancia, pero siempre con el buen ánimo de seguir siendo parte de nuestras vidas y nuestras andanzas por el mundo, y que utilizan puentes como el feisbuc o el guatsap como medios para acompañarnos, mas los que se vayan creando en el camino. Un lugar a la vez callado, pero también animado por las decenas de transeúntes que lo frecuentan diariamente en busca de un espacio agradable para pasar la tarde, sintiendo la brisa del lago Erie y alejándose del ruido del pueblo. Hay espacio para uno mismo y para ser parte de la comunidad.

Son los tesoros que uno empieza a acumular cuando regresa uno al exterior.

27 abril, 2015

Checklist

Cuando uno vive en el exterior, y está en vísperas de iniciar un traslado, se hace necesario organizarse para el ritual de la partida. No es tan sencillo como decir: "ok, ya estuvo, ¡vaaaamonooooooooss!!". Es algo mucho más complicado.

Es en estos momentos cuando uno se da cuenta de que el atesorar o acumular cosas es una práctica arraigada en la familia... guardamos regalitos, papeles, cosas olvidadas por los amigos, mas lo que hemos ido agregando a lo que hemos tenido desde antes, desde ropa hasta libros, desde algún nuevo mueble hasta el cuadro del que no nos habíamos acordado por muchos años, pero que en esta ocasión sí tuvo espacio en donde ser colgado. Y como eso,  muchas otras cosas más.

De la experiencia de mudanzas pasadas, mas lo que hace la necesidad actual, uno tiene que hacer una lista de revisión de lo que se va en el contenedor; lo que se queda regalado, vendido o donado acá; o lo que se va con bombo y platillo a la basura. Y siempre hay de los tres tipos de cosas. Y siempre hay resistencia a que algo se quede o se tire, porque tiene un significado...

Los juguetes de infancia de los chicos ocupan un lugar preponderante. Nuestra hija tiene una casa de muñecas perfectamente equipada, que recibió en una Navidad, de Santa Claus, cuando era una pequeñita de 6 ó 7 años; y ahora, a sus flamantes 16, al mencionarle siquiera la posibilidad de que la podamos donar a algún dispensario, se opuso radicalmente. La casa de muñecas nos acompañará a Canadá, pase lo que pase... Y nuestro chico tiene cosas similares... Y Delia también... y yo también... ¿a quién queremos engañar? nuestro apego a las cosas que han formado parte de nuestro bagaje de muebles y vivencias difícilmente lo soltaremos, y eso se dará en un arranque de "no podemos seguir cargando con tanta tarugada... ¡todo se va a la basura!!!"

Al momento de hacer y revisar esa lista de las que les decía más arriba, uno empieza a discriminar sobre lo que es importante, valioso, significativo, útil, o cualquier otra virtud que haga que nos acompañe una mudanza más; y se separa de lo que resulta inútil, estorboso, pesado, desagradable, que represente algo de lo que no queremos volver a acordarnos, y todo aquello que le asegure un lugar fuera de nuestro menaje y de nuestras vidas.

Así como hacemos con los objetos en nuestros closets, en las gavetas y armarios, en las canastas y en todos los espacios y receptáculos de cosas y chácharas, así también se hace un recuento de las vivencias, los recuerdos, las imágenes y todo lo que hizo esta parada lo que fue: una mezcla, siempre desigual, de alegrías, tristezas, logros, fracasos, esperanzas, desilusiones, encuentros, desencuentros, adquisiciones, pérdidas... en fin, todo lo que pasa por la vida de uno entre un segundo y el que sigue, el repaso de las personas que llegaron a nuestra existencia, las que se fueron, las que estuvieron de paso, las que llegaron para quedarse.

En esta etapa hubo logros, y tuve la alegría de compartirlos con ustedes por feisbuc, en correos o por este medio. Dijimos varios adioses, en algunos nos acompañaron, otros fueron muy íntimos y se quedaron en la privacidad. Es el dinamismo de la vida misma.

Ahora que estamos planeando el empaque de nuestra casa para llevarla a nuestro siguiente destino, vemos que el menaje, como siempre, ha crecido. En las cosas materiales, era de esperarse. Uno encuentra nuevos objetos para decorar la casa o el ánimo, el intelecto o la vanidad, y pasan a ser parte del inventario que se subirá al transporte. En aquello inmaterial, los amigos, los recuerdos, las vivencias, las alegrías, las lágrimas, los sentimientos encontrados... es, quizá, la parte del menaje que más ha crecido en esta etapa... y, sin embargo, no pesa nadita de nada en la báscula de la aduana, pero sí en la del corazón.

Ando medio nostálgico, creo que se nota...

El caso es que, ante la inminencia de nuestra partida, este tipo de recuentos se hace necesario, tanto a nivel personal, como a nivel de pareja y de familia. Es ver en la pantalla de la mente a los amigos y conocidos que se reencontraron, a los que se acaban de lograr y a los que se ha visto partir. Es visulaizar los lugares que recuperaron su significado, los que adquirieron uno nuevo y los que lo perdieron del todo. Son las experiencias adquiridas y aquello que no pasó de ser un mero proyecto que nunca prosperó. Y en estos casi 4 años en la Patria ha habido mucho de todo esto. Algo para meditar en los ratos de escasa tranquilidad entre que vemos y decidimos qué se queda y qué se va.

Etapas previas al regreso al exterior.

29 marzo, 2015

Siguiente parada...

Cuando uno vive en el exterior, y más como parte del Servicio Exterior, se sabe que no es uno quien marca los tiempos de la llegada o la salida. Es el propio Servicio el que nos dice cuando abrir el equipaje o cuando empacar.

Pues bien, después de casi cuatro años de haber regresado a la Patria, es tiempo para nuevamente desplegar las velas y zarpar a un nuevo puerto. Esta vez en Canadá.

He sido nombrado Cónsul de México en Leamington, provincia de Ontario, Canadá. Es mi primer mando en una oficina consular.


El momento ha llegado de curtirme en tener una oficina bajo mi jefatura. La experiencia acumulada en todos estos años en consulados y en la oficina central será puesta a prueba en esta nueva etapa de mi carrera. Obvio, uno no nace sabiendo ser jefe, el oficial de mando se hace a fuerza de saber recibir y cumplir órdenes de quienes lo preceden en el rango. Esos oficiales superiores, como alguna vez lo comenté, pueden ser fuentes de donde uno abreva sabiduría y prudencia en el ejercicio de una responsabilidad. Pero también los hay quienes son una muestra de lo que no se debe hacer, por el bien propio y por el de los que están bajo el mando de uno y por el de la misión que uno tiene encomendada.

Si bien el panorama hacia el frente resulta prometedor para los que formamos la tripulación de este navío llamado familia Bernal Cabrera, también es bueno detenerse en medio de esta vorágine que es un traslado para ver lo que ha sido este tiempo en nuestra experiencia nómada.

Como escribí a nuestra salida de Texas, al ver a los que dejamos atrás se tiene una mezcla difícil de sentimientos. En esta ocasión resulta de especial significado, ya que en esta etapa fue el regresar a nuestras raíces, reencontrarnos con el pasado y pisar terrenos que nos resultaban amigables y familiares. Los amigos de infancia y juventud han sido bálsamo para hacer este retorno más agradable, aunado a los que encontramos por primera vez, y que han hecho que nuestro horizonte fraterno se expanda todavía más. Gracias a todos por haber vuelto a entrar a nuestras vidas o por hacer su incursión en ella por primera vez. Les aseguro que no se quedan atrás, sino que ahora nos acompañan en esta nueva jornada. Bienvenidos a bordo, y deseamos que la travesía con nosotros les resulte placentera.

 Ya, de alguna manera, adelantábamos nuestro deseo de regresar al exterior en entregas pasadas de este blog. El desarraigo nuestro, el desencanto de los chicos al ser arrancados del entorno que siempre consideraron como propio... Han sido tópicos de los que ya hemos platicado en este espacio, Sin embargo, ahora que la partida es inminente, genera sentimientos encontrados. Persisten los mismos sentimientos que se nos dieron en nuestra estancia inicial, pero hasta los chicos han logrado crear afectos en esta tierra y nosotros, los adultos, hemos creado o recreado lazos con la gente que es parte de este lugar, ha germinado el gusto por ciertos espacios nuevos y el recuerdo de los que vivimos en nuestra lejana infancia y juventud,

Ahora que los que van a vaciar nuestro hogar y cargarlo en un transporte están próximos a hacer su trabajo, y ver como la casa que estuvo por todo este tiempo con nuestros muebles, nuestros libros, nuestra ropa, nuestros deseos, nuestras aspiraciones; y que fue también espacio para recibir a nuestros seres queridos, vivos y ya fallecidos, a los amigos sinceros como reciprocidad a la hospitalidad que recibimos en alguna o en varias ocasiones, es cuando se agolpan los recuerdos, las vivencias, el eco de las risas y las pláticas amenas, acompañados de un café o una copa. Las reuniones, algunas perpetuadas en fotos, otras sólo en la imagen imperecedera del recuerdo, serán siempre parte de nuestro menaje emocional, que en cada parada se hace más grande, pero nunca más pesado.

Siempre las despedidas son difíciles. A mí no me gustan. Sin embargo, cuando la casa esté vacía, la oficina entregada, los servicios cancelados y estemos despertando para el día de nuestra partida, el inevitable "hasta pronto" hará su aparición, tal vez algunas lágrimas, y siempre el sincero deseo de volverse a encontrar para seguir la charla, ir al café o al restaurante que siempre ha gustado, o simplemente por el gusto de volvernos a ver. ¡Claro! Siempre estará feisbuc para continuar el contacto... o guasap, o lo que la tecnología nos conceda para acortar las distancias y acercar a las personas que queremos, donde quiera que estén.

Este espacio recupera su espíritu original: el compartir con ustedes las vivencias, las ideas, los sentimientos, las anécdotas, y todo lo que hace la vida desde el exterior.

Seguimos en contacto... 

08 marzo, 2015

Amigos por correspondencia

Cuando uno vive en el exterior, se entiende y valora las amistades y contactos que se van cosechando a lo largo de la vida, y la manera en que esa gente entra en nuestra existencia adquiere un valor anecdótico muy significativo, y endulza las charlas con los amigos en las reuniones en casa, la propia o la de ellos.

En alguna ocasión les platicaba en este espacio de la manera en que conocí a Gerardo, mi compadre. Pues bien, hay otra historia de esos tiempos que viene a mi recuerdo. Es simpática, curiosa, y que me ha logrado una amistad sincera de casi toda mi vida.

En los años de la preparatoria, cuando conocí a Gerardo, estaban muy de moda los amigos por correspondencia. Los que veíamos la televisión en los 80's, recordaremos un programa que se llamaba "La Gran Esfera Azul", o en inglés, "The Big Blue Marble" o "La Gran Canica Azul". El tema del programa era contar historias de la vida diaria de niñas y niños de todas partes del mundo. E invitaban a su joven teleaudiencia a conocer y establecer contacto con niños y niñas de otros países usando el medio de la época: el correo.
 
Amigos por correspondencia.
 
Lo que  uno hacía era mandar sus datos en una carta a una cierta dirección en Inglaterra (si bien recuerdo), y a vuelta de correo, recibía uno nombres y direcciones de chicos, mas o menos de la misma edad del solicitante, con objeto de inicar intercambio epistolar. Y, por supuesto, muchos de nosotros, chavales de preparatoria, deseábamos conocer chicas de otras partes, y supongo que esas chicas de otras partes deseaban conocer a chicos de otras partes. La combinación ideal.
 
Pero Big Blue Marble no era la única opción para encontrar amigos por correspondencia. En alguna ocasión, uno de los chicos de mi grupo llegó con una hoja en colores naranja y gris pálido (si mi memoria daltónica recuerda bien), con la misma propuesta: dinos quién eres: tu nombre, edad, país de origen; y a qué clase de amigos te gustaría conocer, y en qué idioma les escribirías, y mandando el formulario, y un dólar (un billetito de a dólar), te mandamos datos de otros chicos como tú y que les gustaría empezar a escribirse contigo. La oferta fue demasiado tentadora. Conseguí mi dólar del Mommy and Daddy Bank (léase mis papás, luego de explicarles con lujo de detalle el motivo de tan inusual petición de divisas), llené mi formato, lo entregué a este compañerito, y a esperar...
 
Creo que pasaron varios meses. Ya daba por perdido mi dólar y mi oportunidad de conocer chicas de otras partes, cuando llegó una carta de no recuerdo dónde, y en su interior venía una nota de bienvenida a este servicio, el nombre de tres chicas, y un formato para que, a mi vez, promoviera el servicio. La última parte de la premisa nunca se cumplió: nunca he sido bueno en esas artes de decirle a la gante si le interesa comprar o suscribirse a algo. Pero agradecí la nota de bienvenida, y empecé a escribir a las tres chicas: una de España, una de Estados Unidos y otra de Holanda.
 
La chica de Estados Unidos no respondió nunca. Imagino que no le fui muy interesante, además de que mi inglés era muy rudimentario. Con la de Holanda nos escribimos por un tiempo breve, y al final esa ruta también se cerró.
 
Pero la chica de España fue otra historia.
 
Empezamos a escribirnos. La comunicación fue cordial. Las cartas fueron y vinieron. El contarnos nuestra vida diaria, nuestras inquietudes, fue entretejiendo una amistad. Una linda amistad.
 
Y resultó que otros dos amigos habíamos entrado al mismo paquete de amigos por correspondencia, y coincidió que los tres teníamos amigas españolas que, igualmente, eran amigas o conocidas entre sí. Uno de esos dos amigos era Gerardo, mi compadre. Y se nos ocurrió a  Los Tres Caballeros (no pregunten cual era el Pato Donald, porque ese personaje es mío) grabar un cassette con canciones, comentarios, chistes, y lo que se nos ocurría conversar. Lo mandamos y recibimos uno de regreso. Nunca supe qué se hizo esa cinta.
 
Sin embargo, de ese grupo de tres amigos y tres amigas que se escribían de ambos lados del Atlántico, sólo persistió un contacto; el de mi amiga española y yo.
 
Pilar. Pilar Agudo Báez.
 
Yo pensaba que la gente en Europa era de grandes capitales, y le decía a Pilar que ojalá viniera pronto a México, para que nos conociéramos, imaginando que en el siguiente verano tomaría un avión y nos veríamos finalmente. La realidad es que Pilar y yo eramos de clase media, de familias que trabajan y se dan algunos gustitos, pero un viaje transcontinental era algo fuera de nuestra imaginación. Eso nunca opacó el contacto y la cordialidad.
 
Por azares del destino el flujo postal se interrumpió en algunas ocasiones, pero al reestablecerse, sucedía con la misma cordialidad y cariño, con el gusto del reencuentro y la conversación que continuábamos como si nada hubiera pasado.
 
Con el paso del tiempo y la vida que sigue su curso, compartimos el inicio de la universidad y el logro de un grado, el desarrollo profesional, el incio de nuestras familias y el llegar al día de hoy. La comunicación también ha evolucionado. De la carta postal pasamos al teléfono en un par de ocasiones. Luego el correo electrónico, y ahora estamos en feisbuc. Ella tiene una linda familia en su natal Huelva, con dos chicos encantadores que, por una absoluta e increíble coincidencia, se llaman Darío y Alberto (que los dos nombres juntos forman el mío). También un consultorio de psicología y una vida maravillosa, con las altas y bajas, como toda vida normal.
 
Y lo maravilloso de todo es la amistad que ha trascendido la distancia, el tiempo, el lugar donde nos encontremos. Hemos sido Pilar y Alberto, quienes crecieron de adolescentes que se encontraron en las líneas de una carta, hasta el día de hoy en que celebramos el haber formado familias (siemrpe hay un saludo de Pilar hacia Delia y mío hacia su esposo), el tener carreras profesionales pero, sobre todo, el que nuestra comunicación ha seguido siempre adelante, como el barco en el que le tomaron esta foto. Aun sin concocernos todavía en persona, hemos crecido juntos, platicado juntos, visto nuestras vidas transformarse con el paso de la edad y las experiencias de la vida de cada uno de los dos.
 
 
 
Atesoro esta amistad perenne como algo de enorme valor en mi vida. Me ha mostrado que la distancia y el tiempo nunca podrán separar a dos amigos sinceros de toda la vida, y que siempre conservan el deseo de poder verse frente a frente un día de estos.
 
Gracias, Pilar. Gracias por ser parte de la ruta de mi vida, y espero que mi presencia en la tuya haya traído momentos gratos. ¡Y esto todavía no se acaba! Nos queda todavía mucho camino por recorrer, no importa en dónde estemos, siempre habrá una palabra cálida, un gesto sincero de amistad, una palabra de aliento... en fin... lo que una vida de amistad epistolar ha creado.
 
Son de los tesoros que uno conserva y preserva en su ruta desde el exterior. 

14 febrero, 2015

El oficio de escribir

Cuando uno vive en el exterior se tiene la oportunidad de explorar el yo interno con un poco más de facilidad. No es que uno no pueda hacerlo en la Patria, pero a veces la vida vertiginosa de la sede es tan absorbente que nos roba el tiempo que uno requiere para esa introspección. ¡Claro! No es una regla escrita en piedra ni es obligatoria su práctica. Sin embargo, por cualquiera que sea la causa, la vida en el exterior nos brinda ese tiempo libre para ver hacia adentro de nosotros mismos, y nos permite ver cosas que no imaginamos que pudiéramos tener o, como en mi caso, que tenemos relegadas en el olvido o en lo más recóndito de la mente.
 
En mi caso, esa habilidad relegada era la de escribir.
 
Ya había hecho algunos trabajos de escritura en mi ya lejana juventud (¡a qué tiempos, señor Don Simón!). Probablemente a muchos de ustedes les he compartido un cuento que escribí hace algunos años: 'El Comercial", y si no y lo desean leer, por favor avísenme y con gusto se los hago llegar. Antes de eso, había hecho algunos escritos que yo comparaba con columnas, y que hubieran quedado muy bien en un blog... pero esas sofisticaciones cibernáuticas no existían en los 80's del Siglo XX. Desgraciadamente no sé dónde quedaron... tal vez en algún recoveco de casa de mi madre... De hecho existe otro cuento, un poco más en la línea de ciencia-ficción que me gusta, se llamaba "La última ardilla en Nueva York". Si lo encuentro, lo transcribiré a formato electrónico (como los escritos originales, estaba a máquina de escribir) y se los compartiré.

Desde "El Comercial" no había escrito nada, y pulí mi estilo escribiendo reportes para la oficina. Y, aunque no lo crean, es un buen ejercicio, ya que ayuda a usar más adecuadamente el idioma, cuidar la puntuación, mejorar la redacción, y todas esas cosas. Después de decenas y decenas de reportes de todos colores y sabores, opino que mi redacción ha logrado ser buena e, inconcientemente, alistándome para regresar a las letras de la forma en que más me gusta.

El momento de regresar a escribir a mi gusto llegó hasta 2009, cuando empecé un  proyecto llamado "Desde el exterior", y que ustedes ya conocen, ya que lo están leyendo en estos instantes. Fue algo que platiqué con Delia una tarde de tantas, y ella me ayudó a encontrar el modo adecuado de empezarlo, así fue como llegué a Blogger (¡¡gracias Blogger-thanks Blogger!!), y el 18 de diciembre de 2009, con algo de incertidumbre y muchas esperanzas, entregué "Arribo" como mi primera aportación al blog. A los pocos días fue "Consulte a su médico", y de ahí p'al real...

"Desde el exterior" ha sido la forma en que he compartido con todos ustedes parte de mi vida, desde anécdotas curiosas tales como la manera en que se designa en Estados Unidos a las personas de ascendencia latina, o hispana, como se decida llamarles o sea lo políticamente correcto en ese momento; hasta la tristeza de salir de Texas y dejar atrás a los amigos cercanos de por allá; o el despedir a un amigo como fue Ivo, ¿recuerdan "Cuando un amigo se va"? He hablado de mi primaria y del Servicio Exterior al que pertenezco. Me acompañaron en el difícil trance de la muerte de mi madre y han sabido de mi deseo de regresar al exterior. Conmigo han sido testigos de la Historia; han sabido lo que ha representado Feisbuc en mi reencuentro con la gente de mi pasado, y el seguir el contacto con las personas que han cruzado por mi vida en estos años de cónsul errante; han leído sobre mi sentir al volver a la Patria y han sabido que Agatha llegó a nuestra familia para quedarse.

En este espacio he proclamado mi orgullo de ser cónsul. He gritado a los cuatro vientos mi amor por Delia, mi pareja y esposa por más de 20 años. He ponderado una amistad que se ha conservado desde la adolescencia hasta el día de hoy con un escritor y periodista admirable que vive en Chicago, ¿verdad, compadre?

En pocas palabras, ha sido un foro en que todos y cada unos de ustedes han sido mis compañeros de viaje. Mil gracias por seguirme en esta jornada.

Pero "Desde el exterior" no ha sido mi único trabajo literario en tiempos recientes, aunque se lea muy pretencioso.

He vuelto a escribir ficción. Y en particular ciencia-ficción. Pero no es escribir sobre extraterrestres y platillos voladores. Es platicar del futuro, tal vez de una manera pesimista, pero en ese entorno apocalíptico, el espíritu del ser humano surge con temple para enfrentar lo adverso de su entorno, o acaso para explorar confines de la realidad que no estaban mas que en el campo de la especulación. Dos cuentos que escribí en 2014 lo reflejan: "El último día del mundo" y "Un día en la desolación".

También ha sido escribir un poco de la naturaleza humana en escenarios inusuales. "Una sopa antes del final" y "Tic-toc Entre las campanas del reloj" han sido dos ejemplos en que, en el tiempo actual, los personajes se encuentran en situaciones extraordinarias. Muchos de estos trabajos los subí a Facebook (ahora sí lo pongo bien para que no se me enreden) y pueden buscarlos en mi muro. Si les da la curiosidad de leerlos, están a su disposición cuando los soliciten.

Hay proyectos en el tinero: otro cuento y una novela. El primero es retomar un reto que me planteó Delia como una nueva experiencia para motivarme a escribir. La segunda es una idea que he estado acariciando por muchos años y que, finalmente, me he dado a la tarea de ponerla en el teclado. Ya les contaré qué pasa.

El poder expresar mi creatividad por medio de las letras ha sido, y sigue siendo, una experiencia maravillosa, a veces incluso consoladora en tiempos difíciles. En una disciplina que han exhaltado escritores como Ray Bradbury, Stephen King o el mismísimo Jorge Luis Borges. Tengo un libro de cada uno de ellos sobre el tema de lo que es escibir, y el compromiso y la devoción que el ser escritor implica. Es dedicarle tiempo, aunque sea breve. Es plantearse una meta diaria en páginas o palabras escritas. Es no perder de vista que el escribir se pule y se refuerza escribiendo más. Es algo que debe tomarse en serio, si se desea ser escritor profesional o tomar el oficio de escribir como parte de la vida propia.Y yo tomo esta actividad muy en serio.

Tal vez publique profesionalmente mis trabajos en el futuro, no es algo que tenga previsto en el corto plazo. Sin embargo, comparto lo que he escrito con la gente que me conoce, y escucho y leo atentamente su comentarios y sugerencias. Deseo escribir algo que sea leído, pero que a mí me agrade escribirlo. Y me encanta compartirlo con ustedes. Deseo que me lean y que lo que lean les agrade.

Soy diplomático. Soy escritor. Soy Alberto.

Una conciencia que he desarrollado desde el exterior.

16 enero, 2015

The Right Stuff

Cuando uno vive en el exterior se da cuenta de que, aunque puede ser una experiencia que puede resultar hermosa o interesante, no es para cualquiera. Se debe tener cierta calidad, ciertas características. Estar hecho de la materia correcta, o como dicen en inglés, "made of the right stuff".

Esa frase me recuerda una película que fue muy famosa y que su título fue, precisamente, esa frase. Era la historia de los primeros astronautas del Programa Espacial de los Estados Unidos. Una epopeya de valor, agallas, audacia, temple, amistad, suerte y the Right Stuff. Les acompaño un video con el tema principal de esa película y escenas selectas. Espero lo disfruten.

http://youtu.be/tCblQ_fnPpc?list=PL3vWGr4KYyCIvSIQ7aZcTf-f5urBUjQOZ

Es una melodía que me emociona profundamente, que conlleva una gran fuerza e intensidad, aunado a que el tema del programa espacial me es muy cercano. La orquestación de Bill Conti le da una mayor intensidad a la película y su significado. La película es algo larga, pero nunca cansa. Les recomiendo que la vean.

Igual que esos astronautas pioneros, el Servicio Exterior requiere de gente, hombres y mujeres por igual, hechos de ese "right stuff". No hay cabida para los débiles o los indecisos. Quienes viven acomodados en las mieles del status quo no pueden aguantar ser asignados a lugares tan difíciles como Haití o India. Los apegos en la Patria pueden ser un lastre insostenible cuando a uno lo asignen a Australia o Indonesia.

Y si uno empieza desde abajo, hay que aprender a vivir con toda suerte de superiores, desde aquellos que son escuelas que le guían en el difícil despegue en la carrera, hasta los que son obstáculos que uno debe sortear si desea sobrevivir en la selva del gremio.

¡Ojo! No soy ingrato con este oficio que he practicado por el último cuarto de siglo, y al que he entregado mi vida, mi pasado, mi presente y mi futuro. Al tomar la decisión de embarcarme en el servicio público de esta manea, lo hice consciente de los riesgos, deseando lograr las satisfacciones que da, pero asumiendo también los riesgos y penalidades que conlleva una carrera lejos de la Patria, pero sirviéndola, y con muchísimo orgullo. Nadie me dijo que esta carrera fuera fácil para quienes, como yo, llegaron de la calle a forjarse un destino. Cierto es que, como en todas las actividades, hay quienes nacen con una aura que les evita estas experiencias. Los felicito, pero mi carrera hecha a fuerza de trabajo y aprendizaje, no la cambio por nada en este mundo. Lo que he logrado no ha sido por ser hijo de X o recomendado de Y. Ha sido porque soy Alberto Bernal, Consejero del Servicio Exterior Mexicano. Y como yo, hay muchos que hemos escalado los peldaños del Servicio con nuestro trabajo, compromiso, dedicación, a veces sacrificios, pero siempre con el objetivo a la vista y en la mente: servir y representar dignamente a México.

Me ha tocado conocer gente que no da el ancho. También quienes descubren que no es su camino. Quienes encuentran que este oficio no son los coctelitos y recepciones que la consigna popular imagina. Que se dan cuenta que es trabajo de escritorio como otro empleo más. Implica conocimiento, criterio amplio, ánimo de conocer y apreciar otras culturas en otras latitudes, a veces muy diferentes a las de uno. Humildad para aceptar que se aprende cada día y en cada adscripción, pero orgullo del deber cumplido al final de cada comisión.

Cuando escucho  que se abre el Concurso de Ingreso al Servicio Exterior, por un lado recuerdo cuando estuve en ese mismo trance en 1990, en mi segundo intento. Fue un arduo esfuerzo, mucho estudio, gran apoyo atrás de parte de Delia, a quien empezaba a cortejar, suerte, esperanzas y aspiraciones. Pero, por otra parte, pienso en los chicos que se presentarán a ese ejercicio, mezcla de "tour de force" y de conocer el aquí, el ahora, el quién es quién, lo que fue y lo que puede ser, todo en un contexto internacional y en el propio país. No es nada fácil, eso bien me consta. Pero no ayuda a que los aspirantes sepan a lo que están apostando. En muchos casos piensan que gozarán las mieles más dulces y selectas del Servicio Exterior, y terminan en San Pedro Sula, Honduras, supervisando el mostrador de un consulado minúsculo en una lejana provincia de un país subdesarrollado. Y es en este momento que estos aspirantes a embajadores reciben una cubetada de fría realidad y deben aterrizar sus ínfulas de considerar que ya deben estar en la cumbre, cuando en realidad están apenas en el inicio de la carrera. El oficio cobra muy caro a quienes no lo toman en serio o a quienes lo toman a la ligera.

Me ha tocado ver de todo pero, al poner en la balanza lo vivido, es más lo positivo y las satisfacciones logradas, que los momentos de amargura y frustración, pero nunca perdiendo de vista que no puedo ni debo dar nada por sentado o por ganado. Cada día es un inicio, a veces en blanco, muchas veces con los pendientes del día anterior, mas lo que se acumule en esa fecha.

Puedo decir que estoy en esto porque quise, porque quiero y porque es la ruta de mi vida. Porque lo que he vivido en estos casi 25 años de servir en el Servicio Exterior Mexicano han forjado mi carácter y mi visión del mundo y de la vida. Me ha ayudado a sembrar amistades sinceras en muchas latitudes y a cosechar la presencia perenne de esas buenas personas en casi todos los aspectos de mi vida: desde felicitarme cuando ascendí a Consejero, hasta darme un pésame sincero por la muerte de mi madre. Desde el nacimiento de mis hijos hasta mis 50 años de edad. 

Y me dan material para platicarlo con ustedes en este blog.

Las maravillas de la experiencia de vivir en el exterior.