14 febrero, 2015

El oficio de escribir

Cuando uno vive en el exterior se tiene la oportunidad de explorar el yo interno con un poco más de facilidad. No es que uno no pueda hacerlo en la Patria, pero a veces la vida vertiginosa de la sede es tan absorbente que nos roba el tiempo que uno requiere para esa introspección. ¡Claro! No es una regla escrita en piedra ni es obligatoria su práctica. Sin embargo, por cualquiera que sea la causa, la vida en el exterior nos brinda ese tiempo libre para ver hacia adentro de nosotros mismos, y nos permite ver cosas que no imaginamos que pudiéramos tener o, como en mi caso, que tenemos relegadas en el olvido o en lo más recóndito de la mente.
 
En mi caso, esa habilidad relegada era la de escribir.
 
Ya había hecho algunos trabajos de escritura en mi ya lejana juventud (¡a qué tiempos, señor Don Simón!). Probablemente a muchos de ustedes les he compartido un cuento que escribí hace algunos años: 'El Comercial", y si no y lo desean leer, por favor avísenme y con gusto se los hago llegar. Antes de eso, había hecho algunos escritos que yo comparaba con columnas, y que hubieran quedado muy bien en un blog... pero esas sofisticaciones cibernáuticas no existían en los 80's del Siglo XX. Desgraciadamente no sé dónde quedaron... tal vez en algún recoveco de casa de mi madre... De hecho existe otro cuento, un poco más en la línea de ciencia-ficción que me gusta, se llamaba "La última ardilla en Nueva York". Si lo encuentro, lo transcribiré a formato electrónico (como los escritos originales, estaba a máquina de escribir) y se los compartiré.

Desde "El Comercial" no había escrito nada, y pulí mi estilo escribiendo reportes para la oficina. Y, aunque no lo crean, es un buen ejercicio, ya que ayuda a usar más adecuadamente el idioma, cuidar la puntuación, mejorar la redacción, y todas esas cosas. Después de decenas y decenas de reportes de todos colores y sabores, opino que mi redacción ha logrado ser buena e, inconcientemente, alistándome para regresar a las letras de la forma en que más me gusta.

El momento de regresar a escribir a mi gusto llegó hasta 2009, cuando empecé un  proyecto llamado "Desde el exterior", y que ustedes ya conocen, ya que lo están leyendo en estos instantes. Fue algo que platiqué con Delia una tarde de tantas, y ella me ayudó a encontrar el modo adecuado de empezarlo, así fue como llegué a Blogger (¡¡gracias Blogger-thanks Blogger!!), y el 18 de diciembre de 2009, con algo de incertidumbre y muchas esperanzas, entregué "Arribo" como mi primera aportación al blog. A los pocos días fue "Consulte a su médico", y de ahí p'al real...

"Desde el exterior" ha sido la forma en que he compartido con todos ustedes parte de mi vida, desde anécdotas curiosas tales como la manera en que se designa en Estados Unidos a las personas de ascendencia latina, o hispana, como se decida llamarles o sea lo políticamente correcto en ese momento; hasta la tristeza de salir de Texas y dejar atrás a los amigos cercanos de por allá; o el despedir a un amigo como fue Ivo, ¿recuerdan "Cuando un amigo se va"? He hablado de mi primaria y del Servicio Exterior al que pertenezco. Me acompañaron en el difícil trance de la muerte de mi madre y han sabido de mi deseo de regresar al exterior. Conmigo han sido testigos de la Historia; han sabido lo que ha representado Feisbuc en mi reencuentro con la gente de mi pasado, y el seguir el contacto con las personas que han cruzado por mi vida en estos años de cónsul errante; han leído sobre mi sentir al volver a la Patria y han sabido que Agatha llegó a nuestra familia para quedarse.

En este espacio he proclamado mi orgullo de ser cónsul. He gritado a los cuatro vientos mi amor por Delia, mi pareja y esposa por más de 20 años. He ponderado una amistad que se ha conservado desde la adolescencia hasta el día de hoy con un escritor y periodista admirable que vive en Chicago, ¿verdad, compadre?

En pocas palabras, ha sido un foro en que todos y cada unos de ustedes han sido mis compañeros de viaje. Mil gracias por seguirme en esta jornada.

Pero "Desde el exterior" no ha sido mi único trabajo literario en tiempos recientes, aunque se lea muy pretencioso.

He vuelto a escribir ficción. Y en particular ciencia-ficción. Pero no es escribir sobre extraterrestres y platillos voladores. Es platicar del futuro, tal vez de una manera pesimista, pero en ese entorno apocalíptico, el espíritu del ser humano surge con temple para enfrentar lo adverso de su entorno, o acaso para explorar confines de la realidad que no estaban mas que en el campo de la especulación. Dos cuentos que escribí en 2014 lo reflejan: "El último día del mundo" y "Un día en la desolación".

También ha sido escribir un poco de la naturaleza humana en escenarios inusuales. "Una sopa antes del final" y "Tic-toc Entre las campanas del reloj" han sido dos ejemplos en que, en el tiempo actual, los personajes se encuentran en situaciones extraordinarias. Muchos de estos trabajos los subí a Facebook (ahora sí lo pongo bien para que no se me enreden) y pueden buscarlos en mi muro. Si les da la curiosidad de leerlos, están a su disposición cuando los soliciten.

Hay proyectos en el tinero: otro cuento y una novela. El primero es retomar un reto que me planteó Delia como una nueva experiencia para motivarme a escribir. La segunda es una idea que he estado acariciando por muchos años y que, finalmente, me he dado a la tarea de ponerla en el teclado. Ya les contaré qué pasa.

El poder expresar mi creatividad por medio de las letras ha sido, y sigue siendo, una experiencia maravillosa, a veces incluso consoladora en tiempos difíciles. En una disciplina que han exhaltado escritores como Ray Bradbury, Stephen King o el mismísimo Jorge Luis Borges. Tengo un libro de cada uno de ellos sobre el tema de lo que es escibir, y el compromiso y la devoción que el ser escritor implica. Es dedicarle tiempo, aunque sea breve. Es plantearse una meta diaria en páginas o palabras escritas. Es no perder de vista que el escribir se pule y se refuerza escribiendo más. Es algo que debe tomarse en serio, si se desea ser escritor profesional o tomar el oficio de escribir como parte de la vida propia.Y yo tomo esta actividad muy en serio.

Tal vez publique profesionalmente mis trabajos en el futuro, no es algo que tenga previsto en el corto plazo. Sin embargo, comparto lo que he escrito con la gente que me conoce, y escucho y leo atentamente su comentarios y sugerencias. Deseo escribir algo que sea leído, pero que a mí me agrade escribirlo. Y me encanta compartirlo con ustedes. Deseo que me lean y que lo que lean les agrade.

Soy diplomático. Soy escritor. Soy Alberto.

Una conciencia que he desarrollado desde el exterior.

16 enero, 2015

The Right Stuff

Cuando uno vive en el exterior se da cuenta de que, aunque puede ser una experiencia que puede resultar hermosa o interesante, no es para cualquiera. Se debe tener cierta calidad, ciertas características. Estar hecho de la materia correcta, o como dicen en inglés, "made of the right stuff".

Esa frase me recuerda una película que fue muy famosa y que su título fue, precisamente, esa frase. Era la historia de los primeros astronautas del Programa Espacial de los Estados Unidos. Una epopeya de valor, agallas, audacia, temple, amistad, suerte y the Right Stuff. Les acompaño un video con el tema principal de esa película y escenas selectas. Espero lo disfruten.

http://youtu.be/tCblQ_fnPpc?list=PL3vWGr4KYyCIvSIQ7aZcTf-f5urBUjQOZ

Es una melodía que me emociona profundamente, que conlleva una gran fuerza e intensidad, aunado a que el tema del programa espacial me es muy cercano. La orquestación de Bill Conti le da una mayor intensidad a la película y su significado. La película es algo larga, pero nunca cansa. Les recomiendo que la vean.

Igual que esos astronautas pioneros, el Servicio Exterior requiere de gente, hombres y mujeres por igual, hechos de ese "right stuff". No hay cabida para los débiles o los indecisos. Quienes viven acomodados en las mieles del status quo no pueden aguantar ser asignados a lugares tan difíciles como Haití o India. Los apegos en la Patria pueden ser un lastre insostenible cuando a uno lo asignen a Australia o Indonesia.

Y si uno empieza desde abajo, hay que aprender a vivir con toda suerte de superiores, desde aquellos que son escuelas que le guían en el difícil despegue en la carrera, hasta los que son obstáculos que uno debe sortear si desea sobrevivir en la selva del gremio.

¡Ojo! No soy ingrato con este oficio que he practicado por el último cuarto de siglo, y al que he entregado mi vida, mi pasado, mi presente y mi futuro. Al tomar la decisión de embarcarme en el servicio público de esta manea, lo hice consciente de los riesgos, deseando lograr las satisfacciones que da, pero asumiendo también los riesgos y penalidades que conlleva una carrera lejos de la Patria, pero sirviéndola, y con muchísimo orgullo. Nadie me dijo que esta carrera fuera fácil para quienes, como yo, llegaron de la calle a forjarse un destino. Cierto es que, como en todas las actividades, hay quienes nacen con una aura que les evita estas experiencias. Los felicito, pero mi carrera hecha a fuerza de trabajo y aprendizaje, no la cambio por nada en este mundo. Lo que he logrado no ha sido por ser hijo de X o recomendado de Y. Ha sido porque soy Alberto Bernal, Consejero del Servicio Exterior Mexicano. Y como yo, hay muchos que hemos escalado los peldaños del Servicio con nuestro trabajo, compromiso, dedicación, a veces sacrificios, pero siempre con el objetivo a la vista y en la mente: servir y representar dignamente a México.

Me ha tocado conocer gente que no da el ancho. También quienes descubren que no es su camino. Quienes encuentran que este oficio no son los coctelitos y recepciones que la consigna popular imagina. Que se dan cuenta que es trabajo de escritorio como otro empleo más. Implica conocimiento, criterio amplio, ánimo de conocer y apreciar otras culturas en otras latitudes, a veces muy diferentes a las de uno. Humildad para aceptar que se aprende cada día y en cada adscripción, pero orgullo del deber cumplido al final de cada comisión.

Cuando escucho  que se abre el Concurso de Ingreso al Servicio Exterior, por un lado recuerdo cuando estuve en ese mismo trance en 1990, en mi segundo intento. Fue un arduo esfuerzo, mucho estudio, gran apoyo atrás de parte de Delia, a quien empezaba a cortejar, suerte, esperanzas y aspiraciones. Pero, por otra parte, pienso en los chicos que se presentarán a ese ejercicio, mezcla de "tour de force" y de conocer el aquí, el ahora, el quién es quién, lo que fue y lo que puede ser, todo en un contexto internacional y en el propio país. No es nada fácil, eso bien me consta. Pero no ayuda a que los aspirantes sepan a lo que están apostando. En muchos casos piensan que gozarán las mieles más dulces y selectas del Servicio Exterior, y terminan en San Pedro Sula, Honduras, supervisando el mostrador de un consulado minúsculo en una lejana provincia de un país subdesarrollado. Y es en este momento que estos aspirantes a embajadores reciben una cubetada de fría realidad y deben aterrizar sus ínfulas de considerar que ya deben estar en la cumbre, cuando en realidad están apenas en el inicio de la carrera. El oficio cobra muy caro a quienes no lo toman en serio o a quienes lo toman a la ligera.

Me ha tocado ver de todo pero, al poner en la balanza lo vivido, es más lo positivo y las satisfacciones logradas, que los momentos de amargura y frustración, pero nunca perdiendo de vista que no puedo ni debo dar nada por sentado o por ganado. Cada día es un inicio, a veces en blanco, muchas veces con los pendientes del día anterior, mas lo que se acumule en esa fecha.

Puedo decir que estoy en esto porque quise, porque quiero y porque es la ruta de mi vida. Porque lo que he vivido en estos casi 25 años de servir en el Servicio Exterior Mexicano han forjado mi carácter y mi visión del mundo y de la vida. Me ha ayudado a sembrar amistades sinceras en muchas latitudes y a cosechar la presencia perenne de esas buenas personas en casi todos los aspectos de mi vida: desde felicitarme cuando ascendí a Consejero, hasta darme un pésame sincero por la muerte de mi madre. Desde el nacimiento de mis hijos hasta mis 50 años de edad. 

Y me dan material para platicarlo con ustedes en este blog.

Las maravillas de la experiencia de vivir en el exterior.

31 diciembre, 2014

El último día de año

Cuando uno vive en el exterior, se presencian ciclos que inician y concluyen, como en cualquiera otra parte. La diferencia es dónde los viva uno.

Así ha sido conmigo en estos tiempos recientes. El ver a mi madre emprender el camino a la Eternidad fue cerrar un ciclo fundamental de mi existencia, ya hemos platicado de ello, ¿recuerdan? El solo hecho de haber regresado a la Patria, después de 17 años fuera ha sido, a la vez, el inicio de varios ciclos y el cierre de otros. Y también vivencias que han empezado y terminado en estos tres años y medio de estancia acá.

Y, como es lo propio de estas épocas, cuando el año da sus últimos suspiros antes de fenecer y dar paso a un nuevo período, siempre se hace necesario, y es ciertamente saludable, hacer una revisión de lo que se ha vivido en el año que termina y las expectativas para el que está por comenzar.

Me ha alegrado volver de lleno al blog, a compartir con ustedes, amigos lectores y lectoras, las experiencias y anécdotas de lo que ha sido mi carrera en el Servicio Exterior. Y el compromiso es que, en el año que inicia, esta charla continúe fluida y amena, esperando contar con su lectura y aportaciones y porras, que siempre son bien recibidas y resultan motivadoras para seguir adelante.

Es siempre grato contar con la familia, resulta un pilar indispensable en los avatares que el destino pone a uno en su camino. Delia y los chicos, y Ágatha, por supuesto, han sido una presencia fundamental en este año, como lo han sido siempre. Su paciencia, su cariño, su apoyo, sus bromas, sus risas, su impulso... ¿Qué más se puede decir, sin quedar corto? Debo decir que Delia ha sido uno de los motores fundamentales de este espacio, y es ella quien me inspira y motiva a sentarme al teclado y empezar a plasmar en texto los recuerdos y reflexiones que les he compartido a lo largo de estos 5 años de blog (Empezamos en 2009, cuando todavía estábamos en Texas. Ojalá alguien visite esas primeras entregas...).


Los amigos han sido siempre bálsamo para hacer más llevadera la cotidianidad. En la oficina, en el feisbuc, los de mi primaria (y de la que ya escribí en alguna ocasión), los de otras etapas de mi vida, y los que se llegan a integrar en la ruta, son compañía invaluable que siempre es agradecida. Ustedes saben que me refiero a ustedes. Mil gracias por un año más de su presencia.

El trabajo ha sido, como siempre, intenso y absorbente, sin embargo, adornado con satisfacciones y logros adquiridos, para el bien de quienes reciben nuestros servicios y documentos. Jornadas con tensión y estrés, pero todo es parte del espectáculo. Algunos viajes de trabajo hicieron que el tedio no se apoderara del todo del tiempo de oficina. Miami, Monterrey, Sacramento (California), fueron salidas de trabajo y a la vez de reposo, al terminar las labores del día y tener el tiempo para pasear y pensar sobre lo que ocupara mi mente en ese momento. Siempre ayuda estar en un espacio distinto y  ajeno al de todos los días para dejar que la mente vuele y trate de encontrarle la cuadratura al círculo.


Este año empecé, o mejor dicho, retomé una actividad que había dejado muy atrás, y es la de escritor, y en particular, de cuentos fantásticos, que yo ubico en la Ciencia-Ficción, que es un género que me encanta. Les he compartido en Facebook (ahora sí lo escribo bien para que no se me confundan) estas historias cortas. Y digo "retomé" porque el primer cuento lo escribí antes de conocer siquiera a Delia, en 1989, para ser precisos. Al día de hoy llevo 4 ó 5 relatos ya elaborados. Un par de ellos como pruebas para ser si me era posible, dentro de mi estilo, poder tomar una idea y darle forma de cuento. A decir de muchos de ustedes, lo logré, y eso es una enorme satisfacción. Hay varios temas en el tintero y que el año que empieza dará el tiempo y la oportunidad de pasarlos del campo de las ideas al de la realidad.

Y en este año regresé al modelismo, después de haberlo suspendido por muchos años. ¡Desde Albuquerque!! Si buen ha sido un regreso muy débil (sólo pinté un par de piezas de un modelo que
tengo atrasado desde 2002), el grupo que me favoreció este reencuentro con el pasatiempo ha sido una maravilla de adquisición en mi grupo de amigos y conocidos. Sus charlas, consejos y motivación para armar y pintar ha sido muy grande, pero por una cosa u otra no he sido muy constante, y sin embargo, me echan porras como el que va todos los sábados a las reuniones. Esa gente realmente lo enriquece a uno.

Y también ha habido el cierre de círculos, de ciclos, de etapas. No ahondaré mucho en ello. Es lo que ya no es y que debe quedarse atrás, pero que, sin duda, su presencia dejó una huella en nuestra vida de muchas y variadas maneras.Las últimas campanadas del reloj del año darán los últimos golpes de pala a la tumba de lo que se cierra para siempre. El nuevo ciclo será como el alba de un nuevo día, en el que lo que se dejó atrás, lo que dejamos que se perdiera en el horizonte, no sea mas que un vago recuerdo en la memoria, y que incluso ese recuerdo se desvanecerá con las luces del amanecer que anuncia los primeros rayos del Sol del nuevo año, de la nueva etapa que se inicia con el 1 de enero. Nada en la vida es gratis. Por lo que se recibe para bien, se debe renunciar a lo que se ha obtenido
para lo que no ha sido bueno. La idea es crecer, aprender lo los errores, las imprudencias, los actos equivocados y los pasos en falso. Incluso de los actos hechos de mala fe o por maldad, Todo cuenta.

El nuevo año implica desarrollo, crecimiento, aprender de la experiencia y mejorar como personas en todos los aspectos. Dar paso a los nuevos proyectos, a lo que nos tenga preparado este nuevo ciclo. Construir nuevos puentes, conservar los valiosos y destruir los perjudiciales y nocivos. Un renacer de las cenizas del periodo anterior, pero ahora con nuevas y reforzadas energías, mayor motivación, nuevas esperanzas, nuevas aspiraciones. Buscar lo que se ha anhelado con todo el corazón y conseguirlo, si eso nos ayuda a superarnos como individuos y como parte de un contexto (trabajo, familia, amistades, etc.). Yo tengo mis aspiraciones, y las he compartido con ustedes: el regresar al exterior.

A nombre de Delia, Rebeca y Diego, deseo expresarles a todos y cada uno de ustedes, nuestros mejores deseos para que 2015 sea un año de alegría, salud, felicidad, éxito y fortuna. Que sus logros y aspiraciones se cumplan y que puedan empezar nuevos y mejores proyectos en el nuevo año. Nada más recuerden la célebre frase de que "tengan cuidado con lo que desean, porque puede llegar a cumplirse". Como quiera que sea, que el Año Nuevo empiece con burbujas de alegría y transcurra con ríos de felicidad y fortuna.

 ¡Feliz Año Nuevo! Y emprenderemos este nuevo año el camino rumbo al exterior.

26 diciembre, 2014

Una nueva Navidad

Cuando uno vive en el exterior se viven grandes transformaciones. Al empezar el camino, se va como un principiante en las rutas y veredas del mundo y del Servicio Exterior. Con el paso del tiempo se logra crecer en la piel y la experiencia, dejando atrás al novato que inició la jornada hace años.

Y esa transformación se extiende, igualmente, a todo lo que es parte de uno: desde la ropa hasta los hábitos y las costumbres. Y también las tradiciones.

Como la Navidad.

Recordarán que hace un par de años conversábamos sobre lo que era la Navidad y los cambios que había sufrido en los años desde antes de casarme, durante mi matrimonio y después de tomar camino en la carrera. Pues bien, esas transformaciones siguen, y en el último año, como han de saber los que me acompañan en esta conversación llamada "blog", ha tenido cambios profundos que hacen que este periodo lo comente en particular.

En estos días, el 27 de diciembre en particular, será el primer año desde que mi madre emprendió su camino a la Eternidad. Este tiempo ha sido de ausencia, pero no dolorosa, y no es por falta de amor a mi madre. Como alguna vez lo dije, este regreso a la Patria estaba, de alguna manera, puesto en el camino para despedir a nuestros ancestros, tanto de Delia, como míos. En ambos casos, este desenlace se consumó, cerrando nuestros círculos y dejándonos listos para un nuevo recorrido en el exterior, sin el pendiente de la salud o el bienestar de nuestros mayores. Ellos ya descansan el sueño de los Justos.

Quedamos nosotros. Y nuestra Navidad.

Si bien la celebración del año pasado fue la primera en que no estuvimos las familias juntas, ésta fue la primera en que los padres ya no estaban con nosotros. Fue fuera de casa, en Morelos, y fuimos sólo los cuatro: Delia, los chicos y yo, en una noche fría, lluviosa y tranquila. Mas no por eso fue motivo para que no fuese una velada feliz y en familia.

Un anticipo del futuro, cuando ya nos toque estar de nueva cuenta en el camino.

Mas no hay tristeza en el recuerdo. Nostalgia sí, añoranza sí, pero no hay sabor amargo en la boca. Es el curso normal de la vida, alegría por los que estamos, una sonrisa por los que ya no están.

Es pensar que cada Navidad tal vez sea la última. Mas no por eso debemos entregarnos a la tristeza o a la desesperación. Todo lo contrario, es disfrutar la fecha con los seres queridos, sean quienes sean, no importando en donde estemos. Navidad es alegría, más allá de la cena o los regalos. Es el momento que hemos destinado para dejar a una lado las diferencias, los enojos. Hacer una pausa en el camino de la ira y el resentimiento para albergar un deseo de paz y armonía. Más que lamentar a los que dejamos atrás, es dedicar un pensamiento hermoso por todos aquellos que han pasado por nuestra vida y que nos han dejado un recuerdo lindo, un momento de alegría, o tal vez un sentimiento profundo como el amor o la esperanza. Para los que siguen con nosotros, el propósito de que sigan con nosotros y procurarlos para que el contacto no se extinga. Para los que ya no están,  el dulce sabor de la nostalgia y el recuerdo, una mirada al cielo estrellado o las nubes y enviarles, a donde quiera que estén, un mensaje silencioso de gratitud por haber estado con nosotros y el sincero deseo de paz en donde quiera que estén.

El 27 de diciembre se oficiará una misa en la que se pedirá por el descanso de mi madre. Es un pequeño homenaje a su memoria y al amor que repartió con creces entre los que la conocimos.

Para otros que ya no están en nuestras vidas, de manera real o virtual, se tendrá una deferencia, un recuerdo amable.

Y así seguirá transformándose cada vez nuestra visión de la Navidad, como una celebración de la vida: de quienes todavía la tenemos, de quienes amamos y ya no la tienen como la entendemos, de quienes alguna vez formaron parte de la nuestra pero la vida misma hizo que su camino se separara del nuestro...

Del ayer, del hoy y del porvenir.

La evolución de los que vivimos en el exterior.



09 noviembre, 2014

Ágatha

Cuando no vive en el exterior, uno viaja acompañado de muchas cosas y personas: la familia, los recuerdos, los muebles, la ropa...
 
Y en el trayecto, uno sube y baja pasajeros del barco a medida que pasa el tiempo y uno decide qué se queda y qué se va. Cada mudanza es ver lo que se lleva, lo que se queda y lo nuevo que agregamos a nuestro ya abultado inventario.
 
Así nos ha pasado en esta etapa de regreso a la Patria. Encontramos nuevos amigos, reencontramos otros, y despedimos a otros más. Y alguien se ha integrado a nuestra tripulación: Ágatha.

 
Ágatha es nuestra perrita. Pensamos que es una cruza de Basset Hound con algo menos interesante. La recibimos de escasos dos meses de edad, se veía de este modo:
 
 
 
Las orejotas, la mirada, nos robó el corazón. Nunca habíamos pensado en tener perro, pero los chicos (naturalmente), al ver que sus amigos tenían mascota, empezaron a pedir y pedir un "doggie", un "puppie" para cuidar y querer. Al final, como debe de ser, los chicos están en sus cosas y los adultos nos encargamos de sacar al animalito a hacer sus necesidades a la hora en que lo necesita, no importa si es de día o de noche.
 
Y por la admiración a Ágatha Christie decidimos ponerle así: Ágatha.
 
Esta perrita ha hecho la vida más llevadera para todos. Es inquieta, juguetona, le encanta meterse en problemas y en las casa de los vecinos, ladra fuertemente cuando llegan visitas o escucha el timbre de la puerta, aguanta los arrumacos de todos, por más incómodos que sean...
 
Claro, también ha recibido algunas ignominias como esta:
 
 
Nunca le hizo gracia tener una "dona" para el cabello para sujetarle las orejas, pero lo soportó estoicamente. Al cabo de unos cuantos segundos, hizo toda suerte de movimientos y esfuerzos hasta que pudo quitársela exitosamente.
 
Estos casi tres años con ella nos han permitido verla crecer de una cachorrita orejona y con cara triste a la perrita de estos días, y como la vi al tomar esta foto: nuestra esfinge:
 
 
 
Se ha ganado un lugar en la familia, y ha encontrado calidez en el trato con los chicos, aunque a veces (y francamente, muchas veces) la hacen perder los estribos y terminan a ladridos y mordiscos al aire, pero nunca para lastimar o hacer daño. Es una relación de amor-enojo que ha servido para hacernos tomarle cariño día a día.
 
Ágatha se ha convertido en parte de la familia, ha compartido momentos especiales y el día a día. Nos acompaña en la sala, en la cocina, en la recámara (con estricta vigilancia, ya que ha dejado su recuerdo en las camas en varias ocasiones), tiene ya un enorme cojín azul que es su lugar favorito para pasar las tardes. Y tiene su "hueso" de tela, que le gusta que lo lancemos, lo mismo en la sala, que en la cochera del conjunto donde vivimos, y salir a toda carrera para pescar el hueso y regresar con nosotros a enfrascarse en un "duelo de titanes" conmigo o con los chicos, todo parte del juego, para que le quitemos el juguete y lanzarlo lejos nuevamente para repetir el juego una y otra vez, hasta que pierde el interés y busca otro juguete o se va a su cojín a recostarse. Vida de perro...
 
Espera a que llegue yo para que, cuando estoy cenando, ella se va a su plato en la cocina y se termina sus croquetas. Nos recibe con fiestas cuando regresamos de la calle y se para apoyándose en nosotros para que le hagamos caricias. Le encanta, como a todos los de su especie, que le rasquen la pancita, al grado de que, al darle palmaditas en la cabeza, ella se pone panza arriba y nos ve con ojos de "muy bien, haz lo que te toca: ¡ráscame la panza!!". Lo genial es que ella siempre gana.
 
La interacción con los chicos es hermosa:
 


 
En especial, la relación con Diego ha sido peculiar. A ratos pareciera que es Ágatha la que domina a nuestro hijo...
 

 
Pero el chico, por su parte, logra hacer que la perrita pierda la cordura y terminen a ladridos. Al final es solo cariño entre el muchacho y su mascota.
 
Ágatha ha tenido la oportunidad de dar su "fashion statement", como dicen ahora:
 
 
Siempre busca su lugar en la casa:
 
 
Y siempre tiene una muestra de cariño, o recibe las nuestras de buena manera:
 


 
Hoy, para todos nosotros, nos es difícil pensar en nuestro hogar sin Ágatha. Cuando la llevamos al veterinario o la subimos a la azotea cuando necesitamos salir por un período largo del día, al regresar y no escuchar sus ladridos, el roce de sus uñas en el piso, el recibir su bienvenida, hace sentir la casa vacía, incompleta...
 
Esta perrita ha sido un nuevo factor en la familia, y ya hacemos planes de que, cuando nos toque regresar al exterior, incluir en las peticiones y especificaciones de la próxima casa el que acepten perros y que podamos instalarle una puerta para que salga a un posible jardín y nos permita dormir un poco más, en vez de que tengamos que pararnos en la madrugada para llevarla a hacer lo que tiene que hacer. Es una presencia diferente que ya ha adquirido nivel de miembro de la familia. Ya no es solamente Ágatha, ahora es "Aguipoopoo", "Aguipoo", "Agaperro", "Mutt", "¡Peeerroooo!" y cualquier otra expresión que se nos ocurra al momento de verla. Ya es fácil confundir el nombre de la mascota con el de los chicos, como a todos los padres de varios hijos nos suele suceder.
 
Nuestra tribu de viajeros errantes ha logrado este nuevo integrante. Y llegó para quedarse.
 
La llegada de Ágatha a nuestras vidas, y hacerse parte de ellas, son de las cosas que uno tiene la fortuna de vivir cuando uno lleva su existencia en el exterior.
 

20 agosto, 2014

Regresar al Exterior

            Cuando uno vive en el exterior y regresa a casa, siempre existe la posibilidad de tomar nuevamente al camino, o como cantaría Willie Nelson, “On the road again…”. http://youtu.be/63xekRY8dJo

Me gusta esta versión porque la escuché de muy joven y se me hacía divertida. Hoy la veo con otros ojos y tiene un nuevo significado. Cuando Willie Nelson y Slim Pickens (su amigo de cabello blanco) recuerdan, mientras van en su autobús, los años que llevan juntos recorriendo el camino con su música y su guitarra, de alguna manera me veo reflejado ahora que he andado en la ruta por muchos años, y ahora busco nuevamente volver a la “carretera”,
“Like a band of gypsies we go down the highway
We're the best of friends
Insisting that the world keep turning our way and our way
Is on the road again…”

 ”Como un grupo de gitanos por la autopista,
Somos los mejores amigos
Que insistimos que el mundo sea a nuestro modo, y nuestro modo
 Es de nuevo en el camino…”

En mi oficio, la razón de ser de un miembro del Servicio Exterior es, como su nombre lo indica, servir en el exterior. Y en mi caso, después de 3 años de regreso en la Patria, considero que es tiempo de tomar camino nuevamente a donde se nos requiera. Sería un viaje con la familia y la casa, y todo el bagaje que hemos acumulado en este regreso a los orígenes.

El volver al exterior es un ansia, un llamado, toda vez que el arraigo a la tierra ya no existe, ahora nuestras raíces están en una maceta que se mueve a donde “las necesidades del Servicio” lo requieren. El salir será dejar atrás nuevos amigos o los que uno ha encontrado o reencontrado en esta etapa, pero también será romper inercias nocivas, cerrar círculos.

 Los contactos deseados seguirán, gracias a las maravillas de la tecnología: Skype, whatsapp, feisbuc (¿se acuerdan?) y todas esas monerías que permiten que una persona esté en comunicación con otra, sin importar en qué parte de la Tierra se encuentren.

Los que no lo son, se dejarán atrás y la distancia será defensa para verlos desaparecer en el horizonte.

También será la oportunidad de reagrupar a la familia, que ha resentido este regreso de manera por demás profunda… la amargura y el enojo por dejar atrás el entorno que siempre fue amigable ha persistido, a pesar de los múltiples intentos de hacer de este lugar un sitio hospitalario, o por lo menos llevadero. Lo que cada uno pudo lograr para hacer la estancia menos difícil es lo que ha hecho que el vivir el día a día fuese tolerable y, hasta cierto punto, agradable.

Ya despedimos a nuestros ancestros. Los vínculos con la Patria son cada vez más frágiles y raquíticos, y dan pie a que, quizá, sea la última vez que residamos en ella antes de jubilarme, en unos 10 años.

La idea de salir es crecer, dar el siguiente salto dentro de la carrera, demostrar que la experiencia adquirida en 17 años en el exterior y 3 en la Patria, ha logrado un funcionario capaz de un puesto mejor.

Para la familia es liberarse del entorno hostil del que hablaba más arriba, dejar atrás todo aquello que no ha reportado más que sufrimientos, dolor, tristeza, ira… la urgencia de largarnos de aquí de inmediato…

Esta salida debe ser un eslabón más en la cadena de éxitos, ahora en un nivel mayor, con mayores alcances, con mayor proyección y, claro, con mayores responsabilidades y, quizá, con algunas privaciones y sacrificios: poco tiempo con la familia, menos privacidad, menos tiempo de uso individual para un hobby, un antojo… (Y no es que ahora tenga ese tiempo, es un lujo del que gozo en contadas ocasiones y no como yo desearía. La idea es que el exterior, aunque sea en un puesto de mayor responsabilidad, dé a cambio un poco de tiempo para salir del título y sentarse a la mesa a tener un pasatiempo o, al menos, un rato de relajamiento).

Hay expectativas altas por esta nueva etapa, se busca que sea un lugar que nos dé un nivel de vida agradable, un salario que nos ayude a salir de deudas, escuelas que permitan a los chicos aprender una carrera, gente amable que nos reciba y gane nuestro aprecio, así como nosotros lograr los de ellos… comenzar de nuevo…

No somos ingratos de lo que en este período hemos recibido. Ha habido momentos hermosos y lágrimas derramadas. Momentos de alegría y de dolor, de triunfo y derrota. Episodios en que hemos demostrado el temple y en los que la debilidad, la mediocridad y la pusilanimidad han sido la marca. De todo lo recibido, gracias dadas.

Será empezar de nuevo en un lugar nuevo, pero con más y mejores esperanzas y sueños que los que nos llevaron de regreso a la Patria. En esta actividad, el iniciar en un lugar nuevo es un modo de vida, es un mecanismo de arder en la despedida y resurgir de las cenizas en un nuevo comienzo, al modo del Fénix. Y esperamos con ansia llegar al momento de ver la casa vacía, las cajas de nuestras cosas siendo subidas al transporte, dormir la última noche en algún hotel o en casa de algún amigo, y llegar al aeropuerto temprano para emprender el vuelo. Salir de la aeronave y recibir la brisa, o el calor, o el frío, de nuestro nuevo destino, tomar una gran bocanada de aire y emprender camino hacia esta nueva experiencia, con los misterios y retos que pueda depararnos.

Es el continuo ciclo de los que vivimos en el exterior

03 agosto, 2014

Papel

Cuando uno vive en el exterior, se acumulan muchas cosas con el paso del tiempo y los lugares: vivencias, experiencias, recuerdos...

Y papel... Mucho papel...

De alguna manera, uno se vuelve coleccionista (o recolector) de papel. Y es por los más diversos motivos: fiscales (las muy célebres declaraciones de impuestos y todo el papel  relacionado), otros reportes relacionados con mi trabajo y el ser funcionario público (decir los haberes que tengo, que desearía tener y los que nunca se concretarán, y esas cosas), documentos que, en su momento, se consideraron relevantes y que, con el paso del tiempo, pasan a ser obsoletos, y ni tienen valor histórico, ni tampoco anecdótico.  De este último, tengo cajas y cajas...

Hay otros papeles que uno debe de guardar por motivos de responsabilidad, como cuando entregué la oficina en Shanghai a su nuevo titular, o cuando mi primer jefe  en Santa Ana, California, emprendió el vuelo para una nueva misión. Y uno guarda esos documentos para garantizar, por así decirlo, que no le dieron a uno gato por liebre a la hora de recibir una oficina, o para probar que lo que le dio uno al nuevo jefe no es ni más ni menos de lo que uno le dijo.

Después de los cinco años que marca la ley, esos registros pasan a ser peso muerto, en perjuicio de lo que uno pudiera transportar en el peregrinar del Servicio Exterior, y a lo que uno le da un valor más permanente.

También están los recibos de pagos y cobro de servicios, bancos, hospitales, y locura y media más, que uno guarda dizque para saber en qué se le fue a uno la plata. Creo que sólo una media docena de veces, en casi 20 años, he recurrido a esos archivos para alguna aclaración o para entender algún gasto raro o inexplicable en la tarjeta del banco. De ahí en fuera, se resume su descripción en una sola palabra: papel.

Tampoco hay de olvidar las decenas y decenas de revistas y folletos que uno colecciona, ya sea por el oficio o por el pasatiempo. Los ejemplares de "Foreign Affairs" comparten espacio con los de "Fine Scale Modeler" o los de "Wired". Pero cada ejemplar fue cuidadosamente seleccionado para ser preservado para la posteridad...

Pues bien... Una cierta necesidad me hizo volver la mirada a todo el papel que he acumulado en todos estos años.

Resulta ser que he decidido volver al modelismo, y necesito un lugar ventilado para poder pintar a gusto y no dejar viendo visiones a todos con los vapores de la pintura. Contar con espacio suficiente para poder tener la caja del modelo, las pinturas, el pegamento, las herramientas y toda la parafernalia del pasatiempo, que es casi igual que la mesa de instrumental de un cirujano. Después de arduas negociaciones con la Autoridad Suprema del Hogar (léase Delia), logré que el cuarto de servicio, ubicado en la azotea de la casa, pudiera ser mi centro de operaciones modelísticas.

Pero hay un problema... El cuarto de servicio está lleno de cajas de papel de la oficina... Y no hay otro lugar en donde meter esas cajas, y apilarlas es imposible ya que, por el paso del tiempo y la intemperie de la puerta abierta del cuarto, el cartón ya está muy deteriorado, y se colapsarían en cuestión de días, incluso horas, de haberlas apilado.

¿Qué hacer? Sólo había dos posibilidades: llamar al Chapulín Colorado, o destruír el papel que estaba ahí y que, sin duda, en su mayoría, o casi totalidad, resultaba francamente inútil. Lo del Chapulín Colorado no funcionó... Lo invoqué varias veces con el clásico: "¡Oh! Y ahora... ¿Quién podrá ayudarme???". Totalmente infructuoso.

Sólo quedaba el destruir papel...

Ante este tétrico panorama, me armé de valor, paciencia, resignación, nuestros dos hijos y una trituradora de papel, y emprendí la aventura de subir a la azotea, abrirme paso entre las cajas, y tomar la primera de documentos para empezar la labor de hacerlos tiritas para la basura.

La abrí. Había una buena cantidad de carpetas, llenas todas de mucho papel, algunas hojas se veían ya amarillentas por el paso del tiempo. ¡Para saber desde cuándo las tenía!!!

Reportes... Recortes...  Notas... De China... De Albuquerque... Papeles que, en su momento, fue relevante conservar... Ahora estaban a merced de la trituradora con sus horas contadas. El sonido de las navajas cortando las hojas se hacía parte del ruido de la azotea: el tráfico de la calle... Algún pajarito cercano... Los chicos bromeando para entretenerse... Hasta qué empezaron a preguntar qué clase de papeles eran. Tuve entonces que pasar su aprobación para destruir cada papel. Aparte, ellos tienen, sobre todo Rebeca, un cuaderno de recuerdos, o "scrapbook" como dicen allende el río, en donde conservan cosas que le recuerdan momentos especiales o significativos. Pues bien, hubo bastantes papeles que calificaron para su cuaderno.

Y en esta labor de abrir carpetas y revisar documentos, empezaron a aparecer cosas menos insulsas y más valiosas... Como papeles del nacimiento de Diego, nuestro hijo... Recibos... Cartas a Delia... Mi primer nombramiento al exterior...

Y mi velocidad de destrucción empezó a reducirse, al mismo tiempo que empezaba a detallar cada papel que salía de las polvosas carpetas. Y los recuerdos comenzaron a surgir e invadir mi memoria... Y la pila de papeles que no debían ser destruidos empezó a crecer. ¡Claro! No fue la totalidad de la carpeta, pero fue un buen porcentaje de su contenido.

Llegó la noche y no pude seguir adelante. Fueron nada más una docena de carpetas, pero el contenido fue por demás interesante. Si bien se llenó una bolsa grande de basura de pedacería de papel, lo rescatado fue también muy valioso e importante. Quedó casi toda la caja para seguir trabajando y, de paso, hacer un viaje a la tierra del recuerdo y la nostalgia.

Presiento que esta caja que estoy trabajando me depara todavía más sorpresas y recuerdos que iré explorando y visitando, conforme lea cada papel que caiga en mis manos. Sin embargo, conociendo el resto de las cajas que me faltan, muchas de ellas tiene, efectivamente, de ese tipo de papel que sólo representa peso y espacio desperdiciados. De ese tipo de papel es del que quiero deshacerme, para dejar espacio al nuevo papel que viene... Pero este recorrido que hice por el Paseo de la Nostalgia fue muy hermoso... Divertido... Con muchas añoranzas que hicieron el momento grato y que dejó un grato sabor de boca que opacó la sensación de polvo en la garganta y el cansancio en la espalda por la mala posición. Ya no veo llegar el siguiente episodio de esta emocionante aventura.

Recuerdos en papel que uno lleva consigo durante su estancia en el exterior.